Bajo tus raíces me senté aquella sombría tarde, para contemplar la belleza del atardecer. Con mi corazón destrozado por la soledad, sus raíces abrazaron tiernamente mis piernas, y en su dulce arrullo mi alma pudo salir para ser libre por unos instantes.

En las copas de sus ramas la vida comenzaba a nacer poco a poco. Con asombro vi a las aves volar, caer, dormir y morir. Así es la vida, dulce, cruel, con oportunidades y desaciertos.

Su tronco absorbía todo mi dolor. Quizás por ello me era tan fácil encontrar refugio entre su textura grosera aunque siempre dispuesta a hacerse cargo de mi debilidad como ser humano.

Sus cien años le llenaban de total sabiduria. Era tanto mi amor por mi árbol de serissa que me sentía conectada a su fuente de vida. Así es... me llenaba de vida sentarme a la sombra de aquel inmenso árbol, sintiendo como caían sus miles de estrellas en mis manos, regalandome la hermosa sensación de sentir vida entre mis dedos.

Cuantas veces me vio llorar? Innumerables. Como infinitas fueron las veces en que sollozando me acerqué a sus raíces para poder remendar mi roto corazón.

Bajo las ramas de mi árbol de Serissa me senté a dibujar mi vida en una hermosa pintura. Plasmé mis sueños en las hojas de su ramas, llené su copa con mis lágrimas.

Para mí no hay nada mejor que sentarme bajo mi árbol de Serissa a entender el misterio más maravilloso, ese al que llamamos vida.