blog de Rubula

El eden del Diablo

Es de noche, un calor inaguantable, el lugar en que estoy es un hetelucho de mala muerte en una ciudad atestada de vehículos, gente, bocinas por doquier. Quiero dormir pero no puedo, por más que trate este calor pegajoso se transmite a travez de la sábana. Tengo un mosquitero que cubre todo la cama, una mesita de mala muerte sostiene una veladora. Frente a mi esta la cómoda y al costado la ventana que da a la calle.

Por los caminos de Dios

El ómnibus a duras penas podía con la cuesta, por momentos parecía que iba a detenerse, pero en un arranque de fuerzas seguía la marcha a través de la carretera serpenteante, entre la montaña y el valle, allá muy abajo.
-Siempre le cuesta, don.- Las cacerolas y los ruidos de los cerdos sobre el techo del ómnibus tapaban la voz. La gente conversaba usando un acento raro pero que, al mismo tiempo, seguía siendo español. Cada tanto, algunas frases indígenas ocultaban el ruido del motor.

Trenes en Uruguay

 

El Anciano y Yo

La canoa serpenteaba placidamente por el lago. La estela de la misma dibujaba su contorno a medida que esta se desplazaba por babor. Las ramas de los árboles golpeteaban la proa de la misma.
El hombre anciano remaba lentamente, sobre su costado una carabina de gran poder de fuego descansaba. El se encontraba en la popa.
Me acuerdo que iba en la parte de de la proa, mientras el anciano metía la pala del remo por el flanco de babor yo lo hacía por estribor. Al girar a babor suavemente depositaba la pala de mi remo paralelamente al agua, a su estribor.

Socorro

El vehículo derrapó sobre la calzada, dando tumbos pasó girando de costado a dos peatones, que sobre la grava se hallaban pidiendo un aventón. Tres vueltas en el aire éste dio. Con las cuatro ruedas al aire, meciéndose como una cuna al golpear contra el mojón izquierdo del túnel, quedó.

Los Vecinos del 510

El hombre estaba acostado en su dormitorio. El cansancio y las discusiones con su familia, hicieron que éste cayera en un letargo total. Stress o virus, los matasanos diagnosticaron.

El vecino del 510, caminaba viendo vidrieras con su esposa. En cierto momento, le dice “me mareo”.

El hombre del 510 en ese instante, saltaba en la cama con convulsiones.

Maria, la esposa del vecino le dice “sentémonos”.

-Querido, es solo cansancio, la mujer del 510 le decía a su marido en dicho instante.

El vecino del 510 le dice a su esposa “nuestro apartamento..”

La Tía Mercedes

La habitación donde me encontraba era el de un hotelucho de mala muerte, metida en el corazón de la gran metrópoli.

En la misma, sobre la pared opuesta a la puerta que da al pasillo, una cama de una plaza. Sobre la pared lindera a ésta última, un gran ropero con un espejo, que lo que menos reflejaba era la imagen de uno. Al lado del ropero, una puerta de hierro oxidado se hallaba. Es el retrete.

La pared frontal a la del ropero, una pequeña terraza que daba a un callejón sin salida. Las paredes de la habitación lo que menos tenía era una mano de pintura.

El Ñacurutú

Me acuerdo un día de vacaciones, me hallaba en la Casa Quinta, la finca de veraneo que poseíamos en Rocha. La casa era de construcción rústica de dos plantas hecha de troncos y techo de paja.

Tierra, Aquí Tierra

La nave se encontraba en una órbita geoestacionaria baja. Era un enigmático mundo helado girando en torno al planeta. Los equipos de detección y análisis geotérmicos detectaron un movimiento inusual en su superficie. Una pequeña nave con cuatro cosmonautas salen de la esclusa Número 7 del módulo madre. La mitad del horizonte era cubierto por la luna y sobre el acimut de la nave, el planeta gaseoso se perfilaba oscuro y enigmático.

-Aquí Halcón, procediendo giro de descenso de 30 grados latitud norte, 20 sur, el piloto trasmite a la madre nodriza.

Sannyville

Era un día extremadamente soleado, un tanto caluroso, sin llegar al extremo de sentirse sofocado. Una brisa fresca procedente del norte, se dejaba sentir sobre las copas de los árboles. Sannyville como se denominaba el pequeño pueblito, se encontraba ubicado en medio del Valle de Santa Elena, enclavado entre 2 macizos montañosos.

La gran nave se desplazaba suavemente y silenciosamente. Las luces de los pasillos que comunicaban a las recámaras de los cosmonautas, se encontraban adosadas a cada pared del corredor.