Cuentos y Relatos

PEQUEÑO GORRIÓN

PEQUEÑO GORRIÓN

Estas ahí, con ojos tristes….tu cara sucia, pegada al vidrio….mirando como el sol se te escapa para jugar con otros chicos…..que sonríen….juegan…
.Chicos de tu misma edad…chicos de papá y mamá….chicos con casa y comida.

Negro amanecer

Efrain Nuñez Huallpayunca.jpg

Muchos amigos me dicen que sufro por frivolidades, un compañero de la Universidad me dijo: “hermano, otras personas no tienen pies ni manos o andan en sillas de ruedas y tú te preocupas por cosas sin importancia”. Lo que pasa es que este compañero no ha pasado por una historia como la mía. Es cierto, a mucha gente le preocupa más cómo conseguir un trabajo para poder mantener a su familia, otros, cuentan los días para salir del hospital en el que están internados casi toda su vida y esperan con ansias ese día para disfrutarla.

UN HOMBTRE TÍMIDO

UN HOMBRE TÍMIDO

 Primera parte.  

AYNI UNA FORMA DE VIVIR

AYNI

Todo por un PC.

Solo con un par de letras desde el otro lado del computador uno pone toda su imaginación para tratar de ver y pensar si la persona que esta al otro lado algún día puede ser la mas importante en tu vida así mismo uno se va desenvolviendo en un mundo tan desconocido pero tan lindo a la vez, uno se encuentra con cada persona con cada historia detrás de un PC pero lo lindo es poder combinarle y llevarla al aspecto del corazón que es lo mas complicado que todos estos claves que me unen puedas legar a mi corazón la inseguridad es mi mejor compañera en todos estos casos pero cada que tengo es

¡PUM!, ¡PUM!, ¡BANG!, ¡BANG...!

Quito1 020.jpg

La noche era nocturna...

La calle húmeda y mal iluminada...

El teléfono llamaba estupidamente, insistentemente...
no pensaba contestar, prefería seguir espiando por la persiana rota...
los golpes en la pared me recordaban que la vecina siempre sabe cuando estoy en casa,
talvez ella debería contestar la llamada...

El reloj corría como gallina renga...

mi ropa era de lo único que no me sentía acalambrado...

el cigarrillo dejaba escapar un tímido hilillo de humo,
justo antes de extinguirse entre mis dedos...
los callos llagados impedían que lo notara...

El eden del Diablo

Es de noche, un calor inaguantable, el lugar en que estoy es un hetelucho de mala muerte en una ciudad atestada de vehículos, gente, bocinas por doquier. Quiero dormir pero no puedo, por más que trate este calor pegajoso se transmite a travez de la sábana. Tengo un mosquitero que cubre todo la cama, una mesita de mala muerte sostiene una veladora. Frente a mi esta la cómoda y al costado la ventana que da a la calle.

Por los caminos de Dios

El ómnibus a duras penas podía con la cuesta, por momentos parecía que iba a detenerse, pero en un arranque de fuerzas seguía la marcha a través de la carretera serpenteante, entre la montaña y el valle, allá muy abajo.
-Siempre le cuesta, don.- Las cacerolas y los ruidos de los cerdos sobre el techo del ómnibus tapaban la voz. La gente conversaba usando un acento raro pero que, al mismo tiempo, seguía siendo español. Cada tanto, algunas frases indígenas ocultaban el ruido del motor.

El Anciano y Yo

La canoa serpenteaba placidamente por el lago. La estela de la misma dibujaba su contorno a medida que esta se desplazaba por babor. Las ramas de los árboles golpeteaban la proa de la misma.
El hombre anciano remaba lentamente, sobre su costado una carabina de gran poder de fuego descansaba. El se encontraba en la popa.
Me acuerdo que iba en la parte de de la proa, mientras el anciano metía la pala del remo por el flanco de babor yo lo hacía por estribor. Al girar a babor suavemente depositaba la pala de mi remo paralelamente al agua, a su estribor.

La Tía Mercedes

La habitación donde me encontraba era el de un hotelucho de mala muerte, metida en el corazón de la gran metrópoli.

En la misma, sobre la pared opuesta a la puerta que da al pasillo, una cama de una plaza. Sobre la pared lindera a ésta última, un gran ropero con un espejo, que lo que menos reflejaba era la imagen de uno. Al lado del ropero, una puerta de hierro oxidado se hallaba. Es el retrete.

La pared frontal a la del ropero, una pequeña terraza que daba a un callejón sin salida. Las paredes de la habitación lo que menos tenía era una mano de pintura.