Hace años, muchos para algunos y pocos para otros, había un valor que hoy parece estar en decadencia: la palabra como compromiso.
Cuando se cerraba un negocio o se llegaba a un acuerdo, de cualquier tipo que fuere, las personas involucradas se daban la mano.
Este gesto mutuo valía más que un documento. De hecho, en muchos casos no se firmaban papeles pero se cumplían los compromisos adquiridos.
La sociedad respetaba esto. En algunas ciudades había negocios de artículos de primera necesidad que anotaban las compras de sus clientes en una libreta y el monto se iba pagando según las posibilidades o a fin de mes con el cobro del salario.
Quien defraudaba esta confianza era mal visto y perdía el respeto de sus semejantes. Pero era muy raro que esto ocurriese.
Hoy las cosas han cambiado.
El fraude, la estafa, son cosa común y toleradas cuando no aplaudidas por el ámbito social.
Vale más quien más tiene... y no importan los medios para llegar a ello.
Ejemplos no faltan: políticos, artistas, deportistas inundan la pantalla televisiva y las páginas de los diarios con situaciones delictivas descubiertas de forma cotidiana.
Las leyes dan impunidad y si deben condenar quienes tienen el deber de instrumentar la pena a veces muestran su venalidad.
Los medios de difusión no son ajenos a esta situación.
Compartamos estos temas para tener una sociedad mejor.

Alberto Auné